El ciclo del agua: una infraestructura estratégica para la transición climática

 

Garantizar agua potable, recoger las aguas residuales, depurarlas y devolverlas al medio ambiente es uno de los servicios esenciales sobre los que se construyen las ciudades modernas. Sin embargo, detrás de cada litro de agua existe una compleja infraestructura que consume energía, requiere tecnología y genera emisiones.

Tradicionalmente, el sector del agua ha sido visto como un servicio indispensable para la salud pública y el desarrollo económico. Hoy, además, emerge como un actor estratégico frente a uno de los mayores desafíos globales: el cambio climático. 

En un escenario marcado por la creciente escasez de recursos, los fenómenos meteorológicos extremos y la necesidad de acelerar la descarbonización de la economía, los operadores del agua tienen la capacidad de contribuir de forma directa a la reducción de emisiones, la generación de energía renovable, la economía circular y la resiliencia de los territorios.

En Aqualia entendemos que el agua no solo debe gestionarse de forma eficiente; debe convertirse en una palanca para la transición ecológica. Por ello impulsamos una transformación progresiva de nuestras infraestructuras y procesos para avanzar hacia un modelo cada vez más eficiente, circular y bajo en carbono.

Las depuradoras evolucionan hacia biofactorías capaces de producir energía renovable, recuperar recursos y generar agua regenerada. La digitalización y la inteligencia artificial optimizan los procesos y reducen los consumos energéticos. La producción de biogás y biometano permite sustituir combustibles fósiles. Y la incorporación de energía renovable contribuye a disminuir la huella climática de los servicios que operamos.

El resultado es un nuevo modelo de gestión del agua que no solo minimiza su impacto ambiental, sino que genera valor para las ciudades y contribuye activamente a los objetivos climáticos.

Lleida: la prueba de que la neutralidad climática ya es una realidad

Aqualia demuestra que la neutralidad climática en la gestión integral del agua es posible. El caso de Lleida, primer servicio de agua de España con huella de carbono neta cero, anticipa el futuro de un sector llamado a desempeñar un papel clave en la transición climática. AENOR (Asociación Española de Normalización y Certificación) ha certificado su neutralidad en carbono según la norma ISO 14068. Este hito es el resultado de más de una década de transformación, innovación y mejora continua.

Desde 2020, el servicio ha logrado eliminar completamente las emisiones indirectas asociadas al consumo eléctrico gracias al uso de energía renovable certificada, la producción fotovoltaica para autoconsumo y el despliegue de medidas de eficiencia energética.

La verdadera transformación se ha producido en la estación depuradora de aguas residuales, donde Aqualia está impulsando su evolución hacia una biofactoría. Allí, la aplicación de tecnologías digitales avanzadas, inteligencia artificial, sistemas de optimización energética y procesos de valorización de recursos ha permitido reducir consumos, mejorar la eficiencia operativa y aumentar la autosuficiencia energética de la instalación.

La depuradora genera biogás a partir de los lodos producidos durante el tratamiento de las aguas residuales. Posteriormente, este biogás se transforma en biometano, que alimenta parte de la flota de vehículos del servicio. Además, produce energía solar mediante instalaciones fotovoltaicas y suministra agua regenerada para usos municipales como el riego y la limpieza urbana.

La neutralidad climática alcanzada en Lleida demuestra que el ciclo urbano del agua puede convertirse en un aliado de la acción climática. No se trata únicamente de reducir emisiones, sino de transformar infraestructuras esenciales en generadoras de soluciones ambientales para las ciudades.

Lleida es hoy un referente de esta transformación. Un ejemplo de cómo la innovación, la sostenibilidad y la colaboración entre administraciones y operadores pueden acelerar la transición hacia servicios públicos más resilientes, eficientes y preparados para los desafíos del futuro. Porque el futuro del agua no pasa únicamente por suministrar un recurso esencial. Pasa por generar energía, recuperar recursos, reducir emisiones y contribuir activamente a construir ciudades climáticamente neutras.